Dani y el ordenador

Es una tarde gris de primavera
y llueve.
Lentamente
pasan a mi lado las cosas
y sus sombras.
De pronto
centellea el cielo
y apareces tú.
Compruebas
que todo lo que está a tu alcance
ocupa el mismo lugar que ayer.
Das un grito de alegría
si encuentras un libro nuevo,
un juguete olvidado.
Y luego
me pides en tu idioma
que te suba a tu trona
y en el precioso teclado

que te compré

empiezas el recorrido

por todos los juegos on-line
que yo te he buscado.
Pasas casi una hora,
los ojos fijos en la pantalla,
tus deditos recorriendo las teclas
una y otra vez.
De vez en cuando
te vuelves
como para comprobar que sigo aquí.
Diez y seis meses.
¡Un beso, Dani, un beso a abuela!
Me mandas dos o tres, y vuelves a lo tuyo.
Cuando has agotado toda la gama
aceptas ir al rincón de la biblioteca.
Pintamos y leemos.
Ya es casi de noche.
Viene tu madre.
¡Vamos, Dani, a cenar!
Al cerrar la puerta
vuelve el silencio
y las sombras de las cosas
ocupan su espacio
en la casa
y en mi corazón.

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